La expresión «poner en 29» se ha instalado en el vocabulario cotidiano de los dominicanos. Lo que nació como una clave interna dentro de los cuerpos de seguridad se ha convertido en el término popular para describir la reciente ola de muertes de delincuentes y supuestos delincuentes a manos de la Policía Nacional.
Ante el asedio de la criminalidad, la ciudadanía exige respuestas contundentes. Sin embargo, para reflexionar con responsabilidad sobre el futuro de la seguridad nacional, es indispensable analizar puntos verdaderamente esenciales.
Exponemos nuestra postura en cinco consideraciones fundamentales:
1. La necesidad de mano dura frente al crimen que carcome la paz social
Una sociedad que aspira al progreso no puede vivir arrodillada ante la delincuencia. La inseguridad ciudadana frena la economía, destruye la tranquilidad de las familias y despoja a los ciudadanos de a pie de sus libertades más básicas.
En este contexto, la firmeza de las autoridades para neutralizar las bandas armadas y a los criminales de alta peligrosidad no solo es comprensible, sino imprescindible para devolverle el orden a nuestras calles. Para superar las barreras de la inseguridad, el Estado debe demostrar que la autoridad la ejercen las instituciones legítimas y no los grupos delictivos que pretenden gobernar los barrios.
2. Cero impunidad para el crimen haitiano: La ley debe caerle a todos por igual
El combate a la delincuencia no puede ser selectivo. Mientras se aplica mano dura a los delincuentes locales, la Policía Nacional y las autoridades están ignorando una amenaza grave y sangrienta: la delincuencia haitiana organizada.
Cientos de familias dominicanas han quedado desamparadas y sin justicia tras ver a sus seres queridos caer asesinados a manos de criminales haitianos en lo que parece ser parte del programa de la invasión haitiana el cual incluye diezmar la población Dominicana en su totalidad. En la República Dominicana ya operan líderes de bandas haitianas que encabezan redes de crimen organizado, robos y violencia brutal en distintas zonas del país, ante la preocupante mirada ciega de las autoridades. Si la «ola del 29» es la respuesta del Estado contra el crimen, debe aplicarse con el mismo rigor y sin contemplaciones a estas estructuras criminales. La sangre dominicana derramada por nuestros enemigos históricos los haitianos no puede seguir quedando en la impunidad.
3. La verdadera justicia: Mismo rigor para el delincuente de calle y el corrupto de cuello blanco
Una nación que se respeta a sí misma no puede permitir una justicia con doble Moral. Es contradictorio volcar toda la contundencia de la fuerza contra la delincuencia de barrio, mientras los criminales de «cuello blanco» gozan de pleno privilegio.
Los políticos corruptos y traidores a la patria le provocan un daño infinitamente mayor a la sociedad: saquean el presupuesto de la salud, la educación y la misma seguridad ciudadana. No habrá autoridad moral en el país mientras el delincuente común enfrente el peso de las balas y el político corrupto disfrute del fruto del delito en total inmunidad. La justicia debe aplicarse con el mismo peso y castigo, sin importar el estatus social ni el poder político.
4. Limpieza institucional y freno a la injerencia extranjera
De nada servirá ejecutar la «ola del 29» en las calles si el sistema sigue podrido desde dentro. Mientras continúen operando policías corruptos dentro de los cuerpos castrenses del país y políticos comprometidos en las esferas de poder. Y Mientras sigan entregando la llave de la seguridad nacional a nuestros enemigos, La policía nacional y todas sus ramas o departamentos, El glorioso ejército nacional y todas sus ramas o departamentos, El sistema nacional de emergencias 911, La Digesett, entre otros se encuentran vilmente infectados con la presenciasde haitianos y arayanos debilitando por completo la capacidad de defensa de nuestra nación y atentando directamente contra la cultura y la identidad Dominicana.
A esto se suma la alarmante proliferación de ONGs de «derechos humanos» en suelo dominicano, las cuales pretenden intervenir abiertamente a favor de la invasión migratoria haitiana. Estas organizaciones atentan contra nuestra soberanía y violan de manera flagrante la Constitución dominicana. No se puede construir seguridad ciudadana ni proteger la patria mientras se tolere la complicidad interna y la injerencia externa.
5. Nuestra visión ante la crisis
Código patria Como movimiento pro-vida y defensor de los valores morales y religiosos, entendemos y sostenemos firmemente que la violencia no es el camino ideal para la transformación social. Creemos y apostamos a la restauración moral de nuestras comunidades en resistencia, priorizando la formación en fe, la promoción de los valores patrióticos y el rescate de nuestra identidad cultural como pilares indispensables de nuestra misión.
Sin embargo, reconocemos la realidad que vive nuestra patria. Si el Estado dominicano decide que la «ola del 29» De manera transitoria será la vía para frenar la delincuencia y restablecer el orden, exigimos que se aplique de forma equitativa: sin privilegios de clase, sin complicidad política y sin paños tibios ante la delincuencia extranjera.
El país se encuentra en un punto de inflexión. Si queremos defender la República Dominicana, la firmeza no puede ser parcial ni selectiva. Exigimos un país seguro, fronteras respetadas, instituciones limpias y castigo equitativo para todo el que infrinja la ley.